Rudi Haymann: las muchas vidas de un hombre de paz
Artesliberales | Publicado el 7 de abril de 2026

¿Qué ocurre cuando la historia universal atraviesa la vida personal? Esa fue la pregunta que articuló el conversatorio “Memorias familiares en contextos de migración forzada: la historia de Rudi Haymann (1921)”, realizado el martes 7 de abril en el campus Peñalolén de la Universidad Adolfo Ibáñez.
La actividad, organizada por María Angélica Franken, académica del Departamento de Literatura de la Facultad de Artes Liberales, se enmarcó en el ciclo Mente abierta: letras y saberes y en el curso disciplinar sobre memorias familiares que ella misma dicta.
Rudi Haymann, de 104 años, llegó al campus acompañado de su hija Dalia y participó en una conversación con estudiantes, centrada en la memoria, la identidad y la experiencia del exilio, a partir de su propia trayectoria de vida.
Nacido en Berlín en 1921, Haymann pasó su primera infancia en una familia burguesa, de profesionales, que se vio interrumpida cuando, a sus 11 años, Adolf Hitler llegó al poder por la vía democrática. Recordó ese momento como el inicio de un proceso progresivo de exclusión.
“Una de las primeras cosas que hizo Hitler fue lavar el cerebro de los jóvenes”, señaló. “Mis compañeros empezaron a usar expresiones que no habían usado antes, como judío mugriento o traidor de la patria”. A partir de entonces, las restricciones fueron acumulándose: se les prohibió asistir a espacios públicos, hacer deporte, ir al cine y fueron expulsados del colegio. “Al final la vida se hizo muy difícil, nos quitaron todo”. Recordó también la Kristallnacht o noche de los cristales rotos de 1938 como un punto de inflexión en la persecución.
A los 17 años dejó Alemania solo, separado de su familia, como parte de un grupo de jóvenes rescatados por organizaciones humanitarias. Su destino fue Palestina, entonces bajo mandato británico, donde vivió durante cinco años en un kibutz.
Sobre esa experiencia, explicó que no se trataba solo de un refugio, sino también de un proyecto de vida. En ese contexto, destacó la posibilidad de construir una sociedad basada en la vida en común, influida por ideales socialistas presentes en ese momento histórico, donde el trabajo y la vida cotidiana se organizaban colectivamente. “Me convertí en agricultor y experto en lechería”, recordó.
Durante la Segunda Guerra Mundial se integró al ejército británico. Gracias a su manejo del alemán, trabajó en inteligencia y participó en campañas en el norte de África y Europa. Finalizado el conflicto, volvió a Berlín como parte de las fuerzas aliadas, encontrando su ciudad y su antiguo hogar destruidos.
En 1948 emprendió su viaje a Chile, donde su familia ya se encontraba instalada. Tras un recorrido que incluyó Egipto, Italia y Argentina, y tras 17 días de viaje en barco, continuó en tren hacia la zona central. El reencuentro con su familia ocurrió en la estación de Los Andes, después de una década separados: “Escucho un silbido que conocía y no escuchaba hace 10 años. Era el silbido familiar que teníamos en Berlín”. Allí estaban su padre, ya canoso, y su hermana, ahora adulta, con 23 años. “Yo ya no era un niño, sino un hombre, curtido por la guerra”.
Desde entonces, ha vivido en Chile durante 78 años. Tras un paso por Valdivia, donde no lograron integrarse a la comunidad alemana local, que miraba con desconfianza a los migrantes de origen judío, la familia se estableció en Santiago. Su padre trabajó como farmacéutico, su hermana en una fábrica de plásticos y él como decorador de interiores, desarrollando una exitosa carrera.
Sobre su vida en Chile, destacó el proceso de integración y las oportunidades que encontró en el país. “Chile es un buen país para llegar, de gente amistosa, te ayudan, te comprenden. Esta es mi nación”, afirmó.
Durante la conversación, abordó también el sentido de escribir su historia. Sus libros El camino arduo (2000), El tren partió a las 20:30. Memorias de un migrante: desde Berlín hasta Chile 1938-1948 (2005) y Más allá de las fronteras. Mi década extraordinaria 1938-1948 (2019) surgen de la necesidad de reconstruir una memoria familiar que no había sido transmitida en detalle: “Hemos contado fracciones a nuestros hijos, un poquito a nuestros nietos, pero nunca hemos contado la historia de nuestras familias”.
El diálogo con estudiantes ocupó un lugar central en el encuentro. Una de las preguntas se refirió a cómo se logra vivir sin resentimiento. “Las memorias y sentimientos cambian con los años. Hoy no tengo ningún resentimiento. La Alemania de hoy no tiene nada que ver con la Alemania de la que yo escapé. Hoy es un pilar de la democracia, del bienestar, un símbolo para Europa. Espero que siga así, como un emblema de valores permanentes”, expresó.
Uno de los momentos más significativos de la conversación se produjo al recordar su asistencia a la Parada Militar en 1950, poco después de su llegada a Chile, donde vio a los últimos veteranos vivos de la Guerra del Pacífico. A partir de esa experiencia, compartió una reflexión sobre la paz que retomó en distintos momentos del encuentro: “Chile lleva 145 años sin guerras y eso es un lujo. En unos años más ustedes van a ser los pilares de esta nación, hagan como ellos, conserven la paz, porque sin paz no hay progreso”.
Otra pregunta aludió directamente a su experiencia frente a los regímenes autoritarios, al preguntarle cómo había vivido la dictadura chilena después de haber escapado del nazismo. Frente a esto, respondió: “Ninguna dictadura es buena, todas son malas. Yo abogo por la paz y la democracia, que es lo más importante. Antes de los 145 años de paz, en Chile hubo 30 guerras. Ninguna fue entre dos democracias, todas fueron iniciadas al menos por un dictador”.
En marzo de 2025, la trayectoria de Haymann fue reconocida por el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, quien le otorgó la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania por su labor como testigo del Holocausto y su aporte a la memoria histórica. Además, su vida fue narrada en el documental “Rudi Haymann: testigo y protagonista”, producido por la Universidad Finis Terrae, disponible para ver en el canal de cable History 2.