UAI aborda la neurodivergencia y sus claves de apoyo en el entorno escolar y familiar
Universidad | Publicado el 3 de julio de 2026

Comprender por qué un niño no termina lo que empieza, por qué otro no soporta el ruido de una canción de cumpleaños o por qué a un tercero le cuesta tanto aprender a leer fue el punto de partida de la cuarta charla del ciclo organizado por UAI Campus Viña del Mar y el Club Naval de Campo Las Salinas. La conferencia, titulada “Neurodivergencia: TDAH, autismo y dislexia, claves para apoyar a nuestros hijos e hijas en el entorno escolar y en casa”, estuvo a cargo de Verónica Rodríguez Espinoza, psicóloga, académica de la Escuela de Psicología UAI y coordinadora del Centro de Autismo e Inclusión del campus Viña del Mar UAI.
La académica situó la conversación en el concepto de neurodiversidad, que entiende que todos los seres humanos procesamos y experimentamos el mundo de maneras distintas, y distinguió de allí a quienes presentan diferencias más marcadas en su funcionamiento neurológico. Lejos de tratarse de una moda, estas condiciones tienen una base neurobiológica documentada; lo que ha cambiado, precisó, es la disposición social a hablar de ellas. Desde ahí, advirtió que las etiquetas y las interpretaciones apresuradas sobre la conducta de niños, niñas y adolescentes tienen consecuencias reales: “Lo que decimos pesa y construye identidad”.
Una parte central de la exposición estuvo dedicada a desmontar mitos frecuentes sobre las tres condiciones, ninguna de las cuales cuenta con un biomarcador que permita diagnosticarla mediante un examen convencional. En el TDAH, la dificultad no radica en falta de voluntad ni de disciplina, sino en cómo se organizan las redes neurológicas vinculadas a la función ejecutiva y el control atencional. El autismo implica una conectividad neuronal local más intensa que la global, lo que se traduce en hipersensibilidad sensorial y una forma distinta de procesar la interacción social, una condición neurobiológica que no responde a decisiones ni actitudes. La dislexia, en tanto, hace del aprendizaje de la lectura y la escritura un esfuerzo enorme e invisible para quienes no comprenden su base, y es precisamente esa invisibilidad la que genera con mayor frecuencia las interpretaciones más dañinas.
Frente a la pregunta de cómo apoyar a quienes presentan estas condiciones, identificó principios transversales, aunque insistió en que las estrategias deben adaptarse a cada persona y momento del desarrollo. En el autismo, la anticipación, la información explícita y la organización clara del entorno reducen significativamente la sobrecarga sensorial y cognitiva; en el TDAH, dividir las tareas en pasos concretos y apoyarse en recordatorios externos permite compensar las dificultades de la función ejecutiva, pues como advirtió, “no hay una mala intención, no hay una mala voluntad, no hay un problema de disciplina: la persona lo que más quiere es cumplir”. En la dislexia, planteó distinguir entre lo que se quiere evaluar y el formato en que se evalúa, de modo que las dificultades lectoras no opaquen lo que el estudiante efectivamente ha aprendido.
El hilo conductor de toda la charla fue la distinción entre las dificultades propias de una persona y las barreras que construye el entorno. “La barrera no la tiene la persona, la tiene el entorno”, señaló, al plantear que la colaboración entre familias, escuelas y equipos clínicos no es un complemento deseable sino una condición necesaria para que los apoyos lleguen a tiempo.
El ciclo continuará durante el año con nuevas conferencias abiertas a la comunidad.